martes, 29 de noviembre de 2011

Carta editada en 1942 del 14 de marzo

Don Humberto :


Me acaban de avisar que Ud. desea hablarme ésta misma noche.
Se trata sin duda, de Flavia.
Todo lo que se hable de nuestro asunto, son ya palabras vanas. En éstos momentos, tan dolorosos para mí, estará concertándose en el domicilio de élla, la realización de lo ya inevitable: El casamiento de Flavia.
Ya ve Don Humberto como todo lo que hablamos , sea en el sentido y con la intención que sea ,está categóricamente de mas. En el juego del amor , se gana o se pierde. Se me ha negado la suerte , y es de caballeros deponer las armas con altura ante el vencedor.
Flavia sabe bien de la calidad de mis sentimientos. En éstos últimos días le he demostrado cuales eran, con más vehemencia que nunca. Ella lo reconoce , lo sabe purísimos. Pero cuando el corazón se siente dominado por una pasión incontenible , calla la razón , se precipitan los acontecimientos y se sacrifican en su holocausto , la razón , la lógica ,la serenidad , el discernimiento y ...se me sacrifican a mí.
Yo Don Humberto , quiero a Flavia. Mi modo de ser, circunstancias incompatibles con mis deseos, situaciones que me inquietaban, han dilatado la consagración de un hecho que era el objetivo más preciado para mí. La solución ha llegado en la forma más inesperada. Me resigno a élla con la serenidad propia de un temperamento equilibrado y, créalo, deseando de corazón, desde lo más íntimo del corazón, que el porvenir de nuestra buena Flavia sea todo felicidad, todo dicha, todo un discurrir de cosas agradables que le hagan la vida tan buena como élla lo merece.
No les guardo rencor. A él, solo debo objetarle el procedimiento que adoptó para lograr satisfacer su aspiración que , por otra parte, quiero creerla leal y bien intencionada. Usó un procedimiento , contemplado por Flavia, que me hirió profundamente: La falta de lealtad para conmigo; se me hizo presenciar el proceso progresivo de ése amor, sin que se me dijera abiertamente el finque perseguían. Tuve intuirlo yo mimso y ...callé. Dejé que por gravitación se produjeran los acontecimientos y el, siguió callado , mientras me tendía la mano con gesto amigo. Ayer lo busqué en Mendoza.Dí con la pensión donde se hospeda, pero acababa de salir para San Rafael. Le dejé una carta donde le invito a que hable conmigo. No para reprocharle nada, sino para advertirle que, si bien acosado por las circunstancias , debo dejar que las cosas se produzcan como van , me voy a constituir en un celoso guardián de Flavia y voy a exigir para élla y todo lo que élla merece.
Que si algún día se que Flavia sufre o no recibe de él todo lo que está obligado a dispensarle, entonces me haré presente yo sin reparos y, le juro Don Humberto, que le obligaré a reparar todo el mal que pueda haberle hecho.Eso no.Si la quiere siempre como debe quererla , llegaré hasta ha estimarle .El solo hecho de saber feliz a mi buena Flavia me hará la vida amable. Pero sino cumple con élla, podré asegurarle que he de encontrarle esté donde esté.
Mientras le escribo, más de una lágrima asomado a mis ojos.Ellas pueden hablarle mejor que yo, de la calidad de mis sentimientos.Debo guardar en adelante ésta pasión de tanto me atormenta hoy, en el rincón donde se cobijan, celosamente  guardadas, las cosas que han de morir  en nosotros y con nosotros.He de tenerla en mí un templo en el cual seguiré adorándola como algo ya inalcanzable.Profesaré desde ahora una nueva religión.Una religión que solo entienden los que como yo, han querido mucho y están resigandos en su dolor.
Disculpe Don Humberto éstas disgresiones. Son éllas hijas de mi atormentado estado de ánimo, y se las brindo a usted, para que me comprenda y no me juzgue equivocadamente.Yo la merecía pero...no pudo ser.
Disculpe que no esté con usted ésta noche personalmente, pero no dude ni un momento , que si su compresión es benévola conmigo , he de sentirme junto a Ud. hoy y siempre .
No puedo escribir más. Pensemos solamente que Dios lo quiso así.


                                                               suyo.
                                                               Firma del autor.
 En San Martin de Mendoza 14 de marzo de 1942


  

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